PARTE I, LA BUSQUEDA DE LA GALLETA PERFECTA
Galletas con chispas de chocolate, el aroma simplemente te arrastra en busca de donde proviene. Todo el que haya estado cerca de un horno donde están siendo horneadas sabe a que me refiero. Por alguna extraña razón, ese aroma dulce crea un ambiente de hogar indescriptible, hasta velas con aroma a galletas han sido fabricadas en un intento de emular el calor humano que se vive cuando estas reconfortantes galletitas están presentes.
La receta que preparo es una de las mas sencillas que conozco, una masa base fácil de preparar hasta para el más neófito cocinero, una parte de mantequilla, una parte de azucar, dos partes de harina, un huevo y algo de vainilla, por la simpleza da lugar a que muchos sientan la tentación de agregar desde avena hasta macademias, pero para mí, lo mejor es simplemente con chispas de chocolate semiamargo.
Ya ni recuerdo el número de veces que he preparado estas delicias perfectas para los días frios, la única variación que realizo es en la materia grasa y el azucar, en lo referente a las grasas, uso media parte de mantequilla y media parte de margarina, y en azúcares, media parte de azucar blanca refinada y media parte de azucar morena, por alguna razón, que por supuesto algún culinario estudiado me explicará algún día, el azucar morena y su granulosa textura genera dentro de la masa esa sensación de "masticable".
Cada uno de estos factores, como el grado de fusión de la mantequilla con la margarina, las diferencias en los azúcares y el uso de huevos a temperatura ambiente cambian de manera significativa el resultado de la receta, y por ello, considero que la física es la única manera de comprender como las variables alteran el producto.
Tras más de 6 años repitiendo la misma receta que a mi gusto varía de resultado si es que estoy de buen o mal humor, apurada o calmada, relajada o ansiosa, decidí realizar un experimento para encontrar cómo preparar la galleta perfecta, así es, la tentación sobre la mesa que hará débiles a quienes pasen por su lado y les faltarán manos para llevárselas mientras ocultan la verguenza de rendirse ante tan simple elemento. Recordé haber leido en el sitio de Chez Pim, una reconocida blogger de comida a nivel mundial, que el frío mejoraría significativamente el resultado de las galletas, congelando la masa por 48 horas.
Por ello, decidí hornear sólo la mitad de la masa, chispitas y todo, media parte fue repartida en las bandejas y la otra mitad en confinamiento al congelador. Tiene lógica, todo el que ha comido algo "recalentao" (comida almacenada en frío por al menos una noche) ha sentido que la comida es mas sabrosa, este periodo de tiempo refrigerado deja que los sabores nuevamente se asienten y penetren aún más, dando como resultado comida más sabrosa y gustosa al paladar. Sólo media receta se fue al horno, 20 minutos a fuego medio/alto y a esperar unos minutos para probarlas. Mis conejillos de indias, mis familiares, un plato a la mesa y el aroma los atrajo, las manos se dirigieron al plato y escuche la expresión "Es lo mejor del mundo, y comerlas calientes, ahh".
Con esta etapa lista, también llevé una de las galletas a mi boca, aún tibia, y sentí como esos pedazos de chocolate todavía estaban cremosos por el calor, mientras que con cada mordisco se desgranaba en mi boca la galleta, crujiendo por los azúcares suavemente unidos por la mantequilla. Ahora, tenemos 48 horas para que la prueba sea realizada nuevamente. Prometo extender mis sujetos de prueba para comprobar los datos que recopilaré en tan sabroso experimento.
Galletas con chispas de chocolate, el aroma simplemente te arrastra en busca de donde proviene. Todo el que haya estado cerca de un horno donde están siendo horneadas sabe a que me refiero. Por alguna extraña razón, ese aroma dulce crea un ambiente de hogar indescriptible, hasta velas con aroma a galletas han sido fabricadas en un intento de emular el calor humano que se vive cuando estas reconfortantes galletitas están presentes.
La receta que preparo es una de las mas sencillas que conozco, una masa base fácil de preparar hasta para el más neófito cocinero, una parte de mantequilla, una parte de azucar, dos partes de harina, un huevo y algo de vainilla, por la simpleza da lugar a que muchos sientan la tentación de agregar desde avena hasta macademias, pero para mí, lo mejor es simplemente con chispas de chocolate semiamargo.
Ya ni recuerdo el número de veces que he preparado estas delicias perfectas para los días frios, la única variación que realizo es en la materia grasa y el azucar, en lo referente a las grasas, uso media parte de mantequilla y media parte de margarina, y en azúcares, media parte de azucar blanca refinada y media parte de azucar morena, por alguna razón, que por supuesto algún culinario estudiado me explicará algún día, el azucar morena y su granulosa textura genera dentro de la masa esa sensación de "masticable".
Cada uno de estos factores, como el grado de fusión de la mantequilla con la margarina, las diferencias en los azúcares y el uso de huevos a temperatura ambiente cambian de manera significativa el resultado de la receta, y por ello, considero que la física es la única manera de comprender como las variables alteran el producto.
Tras más de 6 años repitiendo la misma receta que a mi gusto varía de resultado si es que estoy de buen o mal humor, apurada o calmada, relajada o ansiosa, decidí realizar un experimento para encontrar cómo preparar la galleta perfecta, así es, la tentación sobre la mesa que hará débiles a quienes pasen por su lado y les faltarán manos para llevárselas mientras ocultan la verguenza de rendirse ante tan simple elemento. Recordé haber leido en el sitio de Chez Pim, una reconocida blogger de comida a nivel mundial, que el frío mejoraría significativamente el resultado de las galletas, congelando la masa por 48 horas.

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