lunes 13 de septiembre de 2010

MINIATURAS NATURALES

Hora de vegetales frescos con inspiraciones herbales
ESAS COSITAS ROJAS, NO SON DULCES

Paseando por los pasillos del supermercado, mientras comprábamos chuletas de cerdo para el almuerzo, entre las ideas espóradicas que llegan a mi mente se me ocurrió empezar el almuerzo sabatino en casa de una manera diferente, que mejor manera que hacerlo que a través de una entrada. Como estos días el calor agobiante ha sofocado a todo habitante de Santa Cruz, algo fresco era más que necesario, no podía pensar en ingredientes calurosos que en vez de satisfacer hagan que los comensales busquen servilletas para secarse las gotas de sudor.
Así que empecé a rememorar, recordar y buscar en los rincones de mi mente volátil alguna receta que había visto en televisión, si si, la caja idiota a la cuales muchos se oponen pero donde yo trabajo y fijo mi mirada gran parte del día también tiene su positivo, y las recetas de Anne Olsen y sus combinaciones se han quedado en mi cabeza. 
Sin seguir dando vueltas, fui directo al sector de las verduras, y por primera vez en mi vida, decidí alzar una bandeja de tomates cereza, busqué los más vivos pero al mismo tiempo no tan maduros como esos que tocas  y se revientan en tus dedos. Seguí avanzando y terminé frente a las lechugas, mucho que escoger, pero ¿cómo?¿cuál? ¿por qué?, ya tanta pregunta me parecía que volvía a la rutina del trabajo, pero ese análisis me llevó frente a las lechugas bebé, una variedad parecida a una lechuga romana, sólo que menos picante y con muy buena textura, y por supuesto, como son brotes, tiernas y sabrosas. 
Hay que acompañar con algo más, un queso, suave, no muy cremoso, ni fuerte, ni muy salado, pero tampoco desabrido, ni muzzarella ni mascarpone, ni gouda o cheddar, ni menonita, ni chaqueño ni San Javier; un ricotta, de buena consistencia, pero no completamente firme, creo que da hasta como para jugar con la comida al comerlo, eso de que se desgrana mientras uno lo corta le da su toque especial. En casa, me esperaban 2 mini salames de la quesería Suiza, en ese tipo de encurtidos, con un dejo de vino tinto y salados, son excelentes.
Lavar y secar las verduras, los tomates se convirtieron en la sensación de la casa, y encontrar uno hasta con hojas lo convirtió en el elemento más adorable sobre la mesa. Alistar los platillos, colocar la lechuga, los tomates, y justo cuando cortaba el queso, me di cuenta de que faltaba algo, variar el queso... agarré una sartén, aceite de oliva, un diente de ajo picado, orégano y tomillo, unos segundos a que el aceite se impregne con el olor, subí la temperatura y las lonjas de queso al sartén por unos segundos, sólo para cambiar un poco el sabor y la temperatura, con el salame en lonjas diagonales, decidí dorarlos con lo que me quedaba de aceite, y listo, la entrada primaveral en la mesa.
Esos tomatitos, son realmente, tomates chiquitos, un sabor algo más fuerte que el tomate regular, pero el balance entre el queso, el salame y la lechuga, dió un equilibrio a la entrada, de la cual no quedó nada, más que unos tomates en mi plato, creo que es cierto eso de que el cocinero se llena con el aroma 

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